Crónicas de una mala compra
El arte de vender humo
Ayer tuve una sesión que me dieron por un curso de maternidad que compre, la verdad este curso me parecio un poco básico, sin duda, no era lo que esperaba. Esperaba más información, más profundización y bueno, en general más.
Por varias dudas que tuve contacte al servicio al cliente de esta persona (antes de comprar el curso) que es full activa por Instagram y que además sentí siempre conexión; debo aceptar también que después de la primera atención quede un poco decepcionada, pero aún así decidí comprar el curso. Hice preguntas y no me las respondieron con exactitud, lo único que me ofrecieron adicional, fue que por comprar el curso, tendría una sesión con esta persona. Así que fue así que me convencieron y di mi “comprar” en el carrito, por la persona y lo que me generaba, no por lo que giraba a su alrededor, que incluso me generaba un “No lo compres rotundo en mi cabeza”.
Después de eso, hice el curso, como esa voz interior me lo decía, fue una decepción para mi, no entendia porque igual lo había comprado, me lo vendian como un curso con diferentes módulos y en realidad era tan solo una clase cortada en diferentes videos, que además, una vez que la vi hablaba bastante de un montón de información descargable que tendríamos a disposición y que no estaba. De nuevo estaba ahí sintiendo que me faltaban al respeto como cliente y que no debí haber usado mi dinero de esa manera…
Contacte nuevamente al servicio al cliente después de más de 1 mes (Exactamente del 9 de abril al 24 de mayo), donde además de solicitar información de los descargables, me toco nuevamente solicitar información sobre el encuentro al cual tenia acceso y me habian indicado que me iban a contactar para agendar la sesión (y que no hicieron). Eso me molesto aún más, no me sentía vista o valorada como cliente. Pero aún así tuve paciencia e hice lo que me indicaron. Esta vez, contacte directamente con la persona y fue con ella que agende, además de solicitarle los descargables que una vez que le dije, estaban disponibles en el “curso” un par de horas después.
La verdad, debo admitir que aunque yo ya no sentía esa conexión con esa persona, cuando nos conectamos, el encuentro fluyo y se sintió ligero. Me pregunto: -¿Cómo viste el curso? ¿Qué fue lo que más te sirvió?
Y yo fui super sincera,
-Me pareció super básico, esperaba información más diferente y como que no me aporto lo que creia que me iba a aportar.
Esto siempre desde el respeto y también desde el valor de mi palabra, que seguro en otro momento habría callado para evitar la confrontación (Aquí plexo solar sin definir en Diseño Humano)
Su respuesta fue literal super sencilla y clara: -Tienes toda la razón, es un curso literal para futuras mamás que están en ceros y que justo no queremos sobre cargarlas de información.
Y ahí debo decir que, por una parte, me gusto la respuesta, me gusto haber oido esa información, pero también por otra, me indigno (Si soy super sincera) esa parte en la cual en la venta tratan de convencernos que es para nosotros y que no nos hablan con transparencia. Hay información que requiere ser dada antes de que la gente compre, hay información que requiere ser comunicada para evitar clientes inconformes o clientes que no van a volver nunca más. Fue información que en este caso nunca se dio, nunca se dijo y que al contrario un poco se dijo al contrario: “un curso para estar más informada”.
Lo sé, es marketing. Nada que hacer (?). Pero, ¿Qué tanto cuesta la verdad? Hay mercado para todo ¿o no?
¿Queremos solo vender? o ¿Queremos de verdad que la gente compre con sentido?
Como cliente, espero transparencia en la comunicación y respeto por mi dinero, que aunque sea poco o mucho, implica energía, fidelidad y respeto. Fidelidad sobre todo a lo que compro, a la persona que le compro, a mi incluso por definir en qué invertir o no.
Como vendedora, emprendedora, comunicadora y en mi rol de empresa, entiendo cada vez más que tenemos ese afán constante de vender, de comunicar para que sea “más acorde” al algoritmo, para que nos muestre más y para que nos de más entradas; pero ¿Hasta que punto estamos ofreciendo algo que no damos? ¿Hasta que punto estamos permitiendo al algoritmo, a la moda, a las tendencias de guiarnos a vender vacios?
Se me hace muy grave pensar que cada vez más están dedicandose a “vender humo” y que seguimos cayendo en eso por default. Pero sobre todo que seguimos callando y viendolo como algo super natural, pues: “Tienes un montón de followers”, “Cada quién vende lo que quiere” “No puedes tener expectativas tan altas como cliente”, “Al final no era un curso taaan caro” o “Era caro, pero valia era por la persona”, y así…
Así que bueno, esto me sirve demasiado como material (para mi preciosa linea 3, en DH) para continuar acompañando a emprendedoras que les interesa vender con proposito (tanto para ellas como para sus clientes) y ahora justo a mi, en mi proceso de crear y desarrollar mis propios cursos, talleres y demás, también me da una de esas rutas que no quiero elegir, pero que hoy soy más consciente y puedo ver.
Yo si quiero vender, pero no quiero vender por vender, no quiero vender solo para que me genere ingresos, quiero vender para dar algo a cambio, para contribuir y para recordarle al otro de manera indirecta (pero ojala a la vez muy directa) que agradezco su compra y agradezco que me hayan elegido. Quiero honrar siempre lo que soy creando y quiero honrar siempre lo que son mis clientes. No vender por vender, es vender con proposito.